Sección: Interés General de Armonia Live
Trabajando con las runas, recordé un juego tradicional de mi infancia: la rayuela. Me vi en la calle, dibujando con tiza en la vereda, cada baldosa un casillero numerado. A mis pies la tierra y allá lejos el cielo y yo con la tiza en la mano y un tiempo limitado para recorrer ese camino de números, que hoy se me ocurre un sendero de vida, como el alfabeto rúnico de los vikingos.
Vinieron a mi memoria lo fácil que me resultaban algunos saltos y la dificultad de otros. Me parecen vivencias tan similares a las que transita el héroe que me habita y que procura unificar sus mitades en pos de llegar a su propio cielo.
Me veo jugando, con toda seriedad, ya que no hay nada más serio que el juego de los niños, buscando sostenerme en un pie sin apoyarme en nada y permaneciendo por momentos en ese desequilibrio pasajero, según la posición que la tiza indique.
En la secuencia del alfabeto rúnico, cada runa trae una energía similar a la de los diferentes casilleros que dibujábamos en la vereda. A veces resultan pruebas que implican dolor para nuestro cuerpo físico o emocional.
A veces, como en la rayuela, podemos descansar en ambos pies y sentir el alivio de una pausa. Y seguimos buscando el cielo igual que en la infancia.
Vemos esa meta y a la vez nos centramos en el equilibrio que cada pie encuentra. Procuramos salir airosos atendiendo a una estabilidad efímera y vuelta a poner a prueba a cada paso.
Desde la Tierra al Cielo y vuelta a la Tierra a salvar obstáculos, a mantenerse en la adversidad de la zozobra, a probarnos a nosotros mismos, a desafiar la posibilidad de unificarnos con el otro polo que nos habita.
La primera letra rúnica es la "F" y habla de energía disponible, dinero o ganado, sentir que uno tiene lo que necesita. Si imaginamos una rayuela, podemos pensar en la tierra y la energía circulante en sus venas. La última runa habla de liderazgo, de herencia o código genético, de un lugar de reconocimiento para conducir un proceso y en la rayuela, ese sería nuestro cielo.
El gran desafío es estar presentes en cada salto, en cada movimiento y en cada detención. Esa actitud de cuidado amoroso, tan serio como un juego de niños, nos llevará a un cielo estrellado y permanente. Esa actitud de vida, nos será propicia para convivir con el Ser en cada instante infinito.
Autora: Cecilia Susana Bergoboy Experta en Antiguo Oráculo Celta
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