Alimentación en el tratamiento del cancer

Según las últimas investigaciones, una dieta inadecuada es la causa de una tercera parte de la formación de todos los tipos de cáncer. Algunos alimentos pueden prevenir la enfermedad, otros, en cambio la pueden desencadenar. Atender a una alimentación correcta es el primer paso para mantener este mal alejado. El cáncer surge cuando las células de alguna parte del cuerpo comienzan a crecer sin control. Aunque existen muchos tipos de cáncer todos comparten este origen.

Las células normales del cuerpo crecen, se dividen y mueren en una forma ordenada. Durante los primeros años de vida de una persona, las células normales se dividen con más rapidez hasta que la persona alcanza la edad adulta. Posteriormente, las células normales de la mayoría de los tejidos sólo se dividen para reemplazar las células desgastadas o moribundas y para reparar las lesiones.

Debido a que las células cancerosas, continúan creciendo y dividiéndose, son diferentes de las células normales. En lugar de morir, viven más tiempo que las células normales y continúan formando nuevas células anormales. Las células cancerosas surgen como consecuencia de daños en el ADN. Esta sustancia se encuentra en todas las células y dirige sus funciones. La mayoría de las veces en las que el ADN se daña, la célula muere o ésta puede reparar el ADN. En las células cancerosas el ADN no se repara. Las personas pueden heredar ADN dañado, que es responsable de los tipos de cáncer hereditarios. Sin embargo, en muchas ocasiones el ADN de las personas se daña como consecuencia de alguna exposición ambiental, como puede ser el hábito de fumar.

Usualmente en cáncer asume forma de tumor. Algunos tipos de cáncer, como la leucemia, no forma tumores, sino que estas células cancerosas afectan la sangre y los órganos que producen la sangre (la médula ósea, el sistema linfático y el bazo) y circulan a través de otros tejidos en los que se pueden acumular. Las células cancerosas a menudo viajan a otras partes del cuerpo donde comienzan a crecer y a reemplazar el tejido normal. Este proceso, llamado metástasis, ocurre a medida que las células cancerosas entran al torrente sanguíneo o a los vasos linfáticos del cuerpo.

A la hora de comprender cómo es el mecanismo de la enfermedad, es necesario entender cuál es la función que cumplen los radicales libres en el organismo. Los radicales libres se forman durante los procesos químicos del organismo y son parte de su mecanismo natural de defensa. Un desequilibrio en ellos establece las condiciones idóneas para que se desarrollen algunos tipos de cáncer. La exposición a las radiaciones, la contaminación y ciertos alimentos aumentan su producción de manera que los radicales libres comienzan a dañar las células sanas que pueden volverse cancerosas. Por esa razón resultan importantes algunas vitaminas y minerales conocidos como antioxidantes que destruyen los radicales libres y contrarrestan su efecto.

La dieta contra el cáncer

Existen pruebas de que algunos alimentos brindan cierta protección contra el cáncer. Según algunos estudios recientes, el consumo reducido de algunos alimentos aumenta el riesgo de padecer la enfermedad, así como la ingesta de otros puede contribuir a la formación de tumores. El sistema inmunológico debe reaccionar contra las células mutantes y evitar que se desarrolle el cáncer, pero un sistema inmunológico disminuido por una mala alimentación podría permitir que el cáncer se desarrollara.

La alimentación afecta también la producción de hormonas que a su vez pueden favorecer la rapidez con que se desarrolla la enfermedad. Aunque las grasas son una fuente importante de energía, su consumo excesivo está relacionado con la proliferación de ciertos tipos de cáncer. Es por eso que en una dieta equilibrada y correcta, las grasas no deben aportar más del 35% del total del consumo diario de calorías. Las grasas saturadas, la mayoría de las cuales derivan de productos animales, constituyen en sí mismas un factor de riesgo que debe ser contemplado.

Ciertas técnicas de cocción estimulan el desarrollo de la enfermedad. Quemar los alimentos cuando se asan, se rostizan o se cocinan a la parrilla puede producir grandes cantidades de sustancias potencialmente cancerígenas Los embutidos, las carnes frías y la panceta deben evitarse, ya que además de contener grandes cantidades de sodio, están conservados con nitritos y nitratos. Estos reaccionan con ciertos constituyentes de los alimentos, llamados aminas, para formar nitrosaminas, sustancia que se han relacionado principalmente con el cáncer de estómago.

Evitar los alimentos de origen industrial ya que contienen otras sustancias como plaguicidas, hormonas de crecimiento, saborizantes, ablandadores, conservantes, estabilizadores y colorantes que resultan una amenaza latente para el avance de la enfermedad La deficiencia de ciertos nutrientes puede aumenta el riesgo de formación de tumores. La falta de folato, por ejemplo incrementa las posibilidades de desarrollo del cáncer de cuello del útero. Una carencia de selenio, por su parte, está asociada con un riesgo elevado de varios tipos de cáncer. El selenio es un oligoelemento presente en huevos, frutas y verduras. Potente antioxidante trabaja en conjunción con las vitaminas A, C y E y su falta es aun mas peligrosa si también hay un consumo deficiente de vitamina E.

El número de mujeres que padecen tumores en las glándulas mamarias es alto y este tipo de cáncer se encuentra entre los más comunes. Una de las áreas más importantes de investigación es la búsqueda de la relación entre el cáncer de mama y unas sustancias vegetales llamadas “índoles”. Según los investigadores las índoles, al reducir la potencia del estrógeno disminuyen el riesgo del cáncer de mama. Estas sustancias se encuentran el los repollitos de Bruselas, los brócolis, el repollo y otras crucíferas. También se estudia la posibilidad de que los porotos de soja y los productos de soja protejan contra el cáncer, gracias a una hormona vegetal que poseen, llamada fitoestrógeno.

Artículo publicado por Editores de Armonia Live

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