Sección: Medicinas Alternativas de Armonia Live
El aura humana es el campo de energía que rodea al cuerpo físico y se caracteriza por ser tridimensional. En una persona sana, el aura es elíptica, vale decir que describe alrededor del cuerpo la forma d un huevo. En el individuo promedio, puede tener entre 45 centímetros y varios metros. Cuanto más fuerte se es desde el punto de vista físico y espiritual, tanto mayor es el campo energético que se abre alrededor del cuerpo físico, y cuanto más vital sea el campo áurico, tanto menos expuesto a las fuerzas exteriores estará que lo emana.
Un campo áurico débil se define, precisamente, por la capacidad que tienen las influencias externas de hacer impacto sobre el individuo del que fluye.
Una persona cuyo campo áurico es débil, seguramente será una persona manipulable y que se cansa con bastante frecuencia, mas que aquel con un campo áurico fuerte. Un aura frágil refleja sentimientos de fracaso, problemas de salud y falta de control sobre uno o varios aspectos de la propia vida. Como se puede deducir de esta observación, el control de nuestro entorno comienza con el control de nuestra energía, de modo que el fortalecimiento del aura, permite mejorar varios aspectos de nuestra existencia.
El aura puede debilitarse por una dieta pobre, falta de ejercicio, falta de aire puro, falta de descanso, estrés, alcohol, drogas, tabaco, hábitos negativos en general, actividad física inapropiada.
Cada aura tiene su frecuencia particular, cada campo de energía es púnico en si mismo, pero no es absolutamente diferente de los demás ya que entre todos los campos hay ciertas similitudes.
Nuestra aura puede interactuar con el campo áurico de los demás, dadas las fuertes propiedades electromagnéticas del aura constantemente expele y absorbe energía.
Cada vez que estamos en contacto con otra persona, hay un intercambio energético que provoca que le demos algo y a la vez tomemos algo de ella. Si intercambiamos con muchas personas tanto mayor será el intercambio de energía.
El campo de energía humano puede interactuar con el campo animal, el mineral y otros campos de energía, toda materia, animada o inanimada, tiene campos de energía que obedecen al carácter atómico de su estructura. Los campos animados son más fuertes y más fácilmente detectados, pero unos y otros pueden ser utilizados para ampliar nuestro campo energético individual.
El aura refleja los aspectos físicos, emocionales, mentales y espirituales del individuo: los colores, la claridad y luminosidad que manifiesta, el tamaño y la forma del aura y todas las características particulares proveen información acerca del ser, del individuo que la emana. Por esta razón, no basta con aprender a ver el aura, hay que aprender también a interpretarla
Ver el aura es más un hecho físico que psicológico. Todos tenemos la posibilidad de verla, interpretar lo que se ha visto, en cambio es una cuestión más compleja, en la que están involucrados tanto aspectos intuitivos como metafísicos.
Existen dos formas diferentes de ver nuestro campo áurico, intuitivamente y objetivamente. Ninguna forma es mejor que otra, a condición de que cada una de ellas sea interpretada de la manera correcta. La manera objetiva es de naturaleza física y racional. En el método intuitivo, en cambio, el aura es vista con el ojo de la mente, más que con el ojo físico. Dicho método implica aprender a relajarse y a ver en el interior de la mente la energía que constituye nuestra característica distintiva y la de los demás. Esta visión hacia adentro responde, al menos, a dos preguntas, Cual es mi color primario? O el color primario de determinada persona? Que refleja este color respecto de los niveles físico, emocional, mental y espiritual?
Por lo general, los resultados de este método son idénticos a los del método objetivo, de modo que no puede decirse que uno sea mejor que el otro. Pero la percepción física provee una conciencia más tangible de los sutiles campos áuricos. Todos podemos aprender a ver objetivamente al aura, pues se trata de una habilidad natural universal. La mayor parte de los niños la ven, aunque ellos no pueden reconocerla ni interpretarla.
Articulo publicado por editores de Armonia Live